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Antibióticos, resistencia y mitos sobre su uso

Los antibióticos son sustancias químicas producidas por microorganismos (bacterias u hongos, por ejemplo) o sintetizadas a partir de modificaciones de otros antibióticos preexistentes. Estos se caracterizan por tener efectos inhibitorios para el crecimiento de otros microorganismos o incluso causar su muerte. Debido a esto, se emplean para el tratamiento de enfermedades bacterianas en humanos, animales y cultivos.

Estos fármacos han sido clave para el tratamiento de microorganismos infecciosos desde su introducción en la medicina hace más de 70 años. Con el inicio de la aplicación de la penicilina en humanos, en un período menor a 20 años, la mortalidad de enfermedades como la sífilis (previamente incurable) se redujo en más del 90 %.

Sin duda, el uso de los antibióticos y cambios en salubridad, como la potabilización del agua, han generado una mejor calidad y mayores esperanzas de vida para la humanidad. Es claro que el uso de antibióticos salva millones de vidas al año. Sin embargo, en la actualidad, patógenos bacterianos que en un inicio eran tratables con antibióticos se están volviendo difíciles de controlar, debido a la generación de resistencia a los antibióticos. Es decir, los fármacos que se emplean ya no son tan efectivos como lo
eran antes. En las últimas décadas, la resistencia a antibióticos se ha convertido en un problema creciente de salud pública. Según datos de Organización Mundial de la Salud (OMS) (2014), el 85 % de las Escherichia coli (la bacteria que causa más comúnmente
infecciones del tracto urinario) aisladas en pacientes intrahospitalarios fueron resistentes a antibióticos como las cefalosporinas de tercera generación.

Según datos del 2015 del Centro de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) del gobierno de los Estados Unidos, el fallo terapéutico de patógenos resistentes a antibióticos genera 23 mil muertes anuales y pérdidas económicas que sobrepasan los $55 billones. Debido a que el principal requerimiento para seleccionar genes de resistencia es la exposición a antibióticos, para reducir su incidencia se deben emplear buenas prácticas para el uso de estas sustancias. Existen muchos mitos sobre el uso de antibióticos, el más común es que estos son útiles para el tratamiento de cualquier infección. La gran mayoría de infecciones respiratorias y del tracto gastrointestinal son causadas por virus y sobre estos los antibióticos no son efectivos. Por ejemplo, la presencia de fiebre y dolor de garganta, una gripe o incluso una diarrea en la mayoría de los casos se tratan de afecciones autolimitadas, es decir, el paciente se recuperará con el tiempo sin necesidad de utilizar ningún fármaco. Normalmente, se emplea un tratamiento de soporte para este tipo de enfermedades, con el fin de reducir la sintomatología.

En este escenario el laboratorio juega un papel fundamental. Por ejemplo, el laboratorio clínico es el responsable de detecatar si las infecciones bacterianas del tracto urinario deben o no tratarse con antibióticos. Para esto es necesario identificar el organismo
patógeno y su susceptibilidad a los antibióticos por medio del urocultivo. No se debe tratar una afección urinaria con antibióticos sin conocer el perfil de sensibilidad a estos fármacos (procedimiento que se sigue en el urocultivo), pues al administrar antibióticos antes del diagnóstico podríamos estar medicando con una sustancia que no tiene efectosobre la bacteria que está causando la infección.

En otros casos, un dolor urinario puede ser causado por la presencia de piedras renales y estás no se tratan con antibióticos. Debido a esto, el diagnóstico siempre es primordial para el tratamiento. No obstante los cultivos en los laboratorios se pueden realizar a una amplia gama de otras muestras como heridas, muestras respiratorias, infecciones vaginales o uretrales, entre otras.
Toda ingesta de antibióticos debe ser referida por un médico y las dosis sugeridas deben de seguirse al pie de la letra. No se debe suspender el tratamiento con la desaparición de los síntomas, pues en muchos casos algunas bacterias se mantienen vivas en los
primeros días de tratamiento y podrían volver a replicarse, causando la enfermedad nuevamente, con el riesgo de generar resistencia al antibiótico usado.

Además, si no se consume toda la dosis de antibióticos, se genera un residuo que es difícil de tratar y que termina en la basura, los medicamentos. Tampoco es válido utilizar antibióticos que quedaron guardados, debido a un mal seguimiento de tratamiento, en
nuevas infecciones. En la nueva infección podríamos estar enfrentándonos a patógeno con sensibilidad distinta, causando incluso un fallo terapéutico y hasta la resistencia de la bacteria al fármaco que se está utilizando. Aunque el surgimiento de bacterias resistentes a antibióticos es un tema complejo, que incluye incluso el tratamiento de aguas residuales con cargas de antibióticos excretadas por los pacientes que los consumen, el primer paso inicia desde el paciente. Es primordial el seguimiento de buenas prácticas de consumo y seguir las indicaciones médicas, para que el efecto positivo que disfrutamos de los antibióticos siga dándose no solo en nuestra generación sino también en las siguientes.

Redactado por: Juan Carlos Cambronero, microbiólogo de Laboratorios Páez.

16 mayo, 2019 Sin categoría
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